La policía lleva décadas luchando contra las guerrillas izquierdistas y los paramilitares. Ahora están reprimiendo las manifestaciones, provocando un movimiento de protesta más amplio.

Durante las décadas de conflicto de Colombia con los grupos rebeldes, la Policía Nacional colombiana luchó a menudo en primera línea, utilizando tanques y helicópteros para luchar contra la guerrilla y destruir laboratorios de droga.

Fue una fuerza construida para la guerra, y ahora ha encontrado un nuevo propósito: en las calles de las ciudades colombianas, donde la policía ha sido acusada de tratar a los manifestantes civiles como enemigos en el campo de batalla.

Las protestas, que comenzaron hace dos semanas por el enfado ante la pandemia de las reformas fiscales, se han intensificado hasta convertirse en un grito colectivo de indignación por los abusos de la policía nacional. En los últimos días, los agentes han golpeado, detenido y matado a manifestantes, a veces abriendo fuego contra manifestaciones pacíficas y disparando gases lacrimógenos desde vehículos blindados, según más de una docena de entrevistas realizadas por The New York Times con testigos y familiares de los muertos o heridos.

Los críticos afirman que la violencia y el aumento del número de muertos demuestran la necesidad urgente de una reforma policial. El llamamiento a la policía ha resonado en un país cansado de la guerra y de las atrocidades cometidas por múltiples paramilitares, guerrillas y fuerzas de seguridad.

“Creen que somos el enemigo, aunque saben que somos ciudadanos”, dijo Alexis Medina, un manifestante de 29 años que dijo haber sido detenido y golpeado por agentes de policía que le obligaron a beber su orina.

“Bébelo o te romperé los dientes”, le dijeron.

Al menos 42 personas murieron, entre ellas un agente de policía, dijo el gobierno el martes. Human Rights Watch y otras organizaciones afirman que el total es probablemente mayor.
“Este es un cuerpo de policía muy bueno para la guerra”, dijo Oscar Naranjo, un ex jefe de policía que ha abogado por cambios en el departamento. Pero desde que Colombia alcanzó un acuerdo de paz con su principal grupo guerrillero, las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), la sociedad ha cambiado, dijo.

Antes del acuerdo, las protestas solían ser estigmatizadas y asociadas a movimientos guerrilleros, añadió. El acuerdo, firmado en 2016, abrió un nuevo espacio para el diálogo político y también incorporó a una nueva generación que creía poder vivir en paz por primera vez en décadas. Pero la policía, según Naranjo, aún no se ha adaptado a este marco.

“Tiene que acelerar el proceso de adaptación a esta nueva situación de posconflicto”, dijo.

En medio de los disturbios, el presidente Iván Duque inició un diálogo formal con los líderes de la sociedad civil, subrayando su “respeto por las manifestaciones pacíficas” y diciendo que cualquier violencia contra civiles y funcionarios públicos debería ser “investigada y castigada”. La policía ha puesto en marcha 66 investigaciones sobre presuntos abusos y ha suspendido a cinco personas, según las autoridades.